24 agosto 2026
La plaga del 'cucat' destruye un tercio de la cosecha de arroz a dos semanas de la siega
Los agricultores advierten que los fallos en los difusores de feromonas han disparado la plaga. Exigen peritajes urgentes y ayudas económicas antes de que la maquinaria entre a los campos y borre los daños.
Los arrozales de nuestro entorno se enfrentan a un final de campaña crítico. Cuando faltan apenas diez o doce días para que las máquinas recolectoras entren en los marjales para iniciar la siega, una proliferación inusual y agresiva del 'cucat' ha encendido todas las alarmas. Esta plaga, que ataca directamente al núcleo vital de la planta secando la espiga e impidiendo la formación del grano, está dejando pérdidas muy severas que comprometen el esfuerzo y la rentabilidad de todo un año de trabajo para los agricultores de la zona.
Las evaluaciones técnicas realizadas a pie de campo en diversas parcelas del término municipal, especialmente en aquellas donde se cultiva la variedad Campanar, muestran un panorama ciertamente preocupante. Los recuentos agronómicos reflejan que hasta un 34% de las espigas están completamente perdidas. Para entender el alcance real de este porcentaje en el día a día agrícola, conviene traducirlo a kilos: de una cosecha habitual que suele rondar los 750 kilos por hanegada, este año se dejarán de recoger aproximadamente 260 kilos en las zonas más afectadas. Más de un tercio de la producción de esos campos se ha volatilizado antes incluso de comenzar los trabajos de recolección.
El responsable de este descalabro en los cultivos es el Chilo suppressalis, una polilla conocida popularmente como el barrenador del arroz o, sencillamente, el 'cucat'. Sus larvas perforan los tallos de la planta y cortan el flujo de nutrientes. El insecto llega a completar hasta tres ciclos reproductivos entre los meses de junio y agosto. Según los datos recogidos en las parcelas, el problema fundamental de esta campaña ha sido la incapacidad de frenar la primera generación de insectos, lo que ha desencadenado una multiplicación masiva durante las semanas posteriores que ahora resulta imposible de contener.
Históricamente, la principal herramienta para combatir el 'cucat' sin recurrir a insecticidas abrasivos para el frágil ecosistema de la Albufera ha sido la técnica de la confusión sexual. Este sistema biológico consiste en colocar varillas difusoras de feromonas que desorientan a los machos y evitan que encuentren a las hembras para reproducirse. Para esta estrategia, la Administración autonómica aprobó una inversión de 420.000 euros destinada a instalar 215.000 difusores y proteger así las 15.600 hectáreas de arroz del territorio, estableciendo una ratio de unas diez varillas por hectárea.
Pese a esta cobertura teórica total, el sector agrícola ha detectado graves fallos en el funcionamiento y la metodología de aplicación del tratamiento de este año. A diferencia de temporadas anteriores, en las que las varillas se colocaban una vez la semilla ya estaba sembrada, en esta campaña se optó por cambiar el protocolo e instalar los dispositivos antes y durante la siembra. Las inspecciones en los campos apuntan a que este cambio logístico, sumado a una distribución que no ha sido uniforme, ha provocado que muchos difusores hayan desaparecido o no estén emitiendo la cantidad necesaria de feromonas. Estos espacios sin cobertura protectora han actuado como zonas libres para que las polillas pusieran los huevos sin impedimentos.
Ante la evidencia de los daños y la falta de respuesta institucional por parte de los departamentos de Sanidad Vegetal, las organizaciones agrarias y los profesionales del campo exigen una evaluación técnica inmediata. La urgencia viene marcada por el calendario: es imperativo peritar los daños exactos de manera oficial antes de que la maquinaria entre en los campos, ya que el paso de las cosechadoras borrará cualquier rastro físico de la incidencia de la plaga.
A esta necesidad de comprobar la eficacia real de los difusores se suma una emergencia económica. Los agricultores afrontan la campaña con los costes de producción más elevados de la historia del cultivo del arroz. Por ello, el tejido productivo local considera indispensable no solo investigar el origen del fallo biológico, sino también articular de manera urgente un fondo de compensación económica que permita paliar las graves pérdidas de unas cosechas que ya tenían el margen de beneficio prácticamente al límite.
Cullera24 · 24 agosto 2026 · 11:42
Las evaluaciones técnicas realizadas a pie de campo en diversas parcelas del término municipal, especialmente en aquellas donde se cultiva la variedad Campanar, muestran un panorama ciertamente preocupante. Los recuentos agronómicos reflejan que hasta un 34% de las espigas están completamente perdidas. Para entender el alcance real de este porcentaje en el día a día agrícola, conviene traducirlo a kilos: de una cosecha habitual que suele rondar los 750 kilos por hanegada, este año se dejarán de recoger aproximadamente 260 kilos en las zonas más afectadas. Más de un tercio de la producción de esos campos se ha volatilizado antes incluso de comenzar los trabajos de recolección.
El responsable de este descalabro en los cultivos es el Chilo suppressalis, una polilla conocida popularmente como el barrenador del arroz o, sencillamente, el 'cucat'. Sus larvas perforan los tallos de la planta y cortan el flujo de nutrientes. El insecto llega a completar hasta tres ciclos reproductivos entre los meses de junio y agosto. Según los datos recogidos en las parcelas, el problema fundamental de esta campaña ha sido la incapacidad de frenar la primera generación de insectos, lo que ha desencadenado una multiplicación masiva durante las semanas posteriores que ahora resulta imposible de contener.
Históricamente, la principal herramienta para combatir el 'cucat' sin recurrir a insecticidas abrasivos para el frágil ecosistema de la Albufera ha sido la técnica de la confusión sexual. Este sistema biológico consiste en colocar varillas difusoras de feromonas que desorientan a los machos y evitan que encuentren a las hembras para reproducirse. Para esta estrategia, la Administración autonómica aprobó una inversión de 420.000 euros destinada a instalar 215.000 difusores y proteger así las 15.600 hectáreas de arroz del territorio, estableciendo una ratio de unas diez varillas por hectárea.
Pese a esta cobertura teórica total, el sector agrícola ha detectado graves fallos en el funcionamiento y la metodología de aplicación del tratamiento de este año. A diferencia de temporadas anteriores, en las que las varillas se colocaban una vez la semilla ya estaba sembrada, en esta campaña se optó por cambiar el protocolo e instalar los dispositivos antes y durante la siembra. Las inspecciones en los campos apuntan a que este cambio logístico, sumado a una distribución que no ha sido uniforme, ha provocado que muchos difusores hayan desaparecido o no estén emitiendo la cantidad necesaria de feromonas. Estos espacios sin cobertura protectora han actuado como zonas libres para que las polillas pusieran los huevos sin impedimentos.
Ante la evidencia de los daños y la falta de respuesta institucional por parte de los departamentos de Sanidad Vegetal, las organizaciones agrarias y los profesionales del campo exigen una evaluación técnica inmediata. La urgencia viene marcada por el calendario: es imperativo peritar los daños exactos de manera oficial antes de que la maquinaria entre en los campos, ya que el paso de las cosechadoras borrará cualquier rastro físico de la incidencia de la plaga.
A esta necesidad de comprobar la eficacia real de los difusores se suma una emergencia económica. Los agricultores afrontan la campaña con los costes de producción más elevados de la historia del cultivo del arroz. Por ello, el tejido productivo local considera indispensable no solo investigar el origen del fallo biológico, sino también articular de manera urgente un fondo de compensación económica que permita paliar las graves pérdidas de unas cosechas que ya tenían el margen de beneficio prácticamente al límite.
Cullera24 · 24 agosto 2026 · 11:42