5 agosto 2026
Un julio histórico asfixia el litoral con olas de calor y el agua a 29 grados
La sucesión de cuatro olas de calor, la elevada humedad y el sobrecalentamiento del Mediterráneo disparan la sensación térmica por encima de los 50 grados y agravan una sequía histórica en la comarca.
El mes de julio de 2026 ha marcado un antes y un después en la climatología de la comarca y de todo el territorio valenciano. Según los datos consolidados por la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) y la Asociación Valenciana de Meteorología (AVAMET), este último mes se ha convertido en el julio más cálido desde que se tienen registros oficiales. La excepcionalidad térmica ha sido de tal magnitud que se ha superado en 0,8 grados centígrados la marca del histórico julio de 2015, estableciendo así el periodo con la temperatura media más elevada jamás registrada en la Comunitat Valenciana en cualquier época del año.
La causa principal de este escenario abrumador ha sido la sucesión prácticamente ininterrumpida de cuatro olas de calor y varios repuntes térmicos severos a lo largo de las cuatro semanas del mes. Esta continuidad ha impedido cualquier tregua térmica, afectando directamente al día a día de la ciudadanía, el desarrollo de las actividades laborales al aire libre, la afluencia a las playas y el descanso nocturno en los hogares de nuestro municipio y de las poblaciones vecinas.
El primero de estos episodios se desencadenó entre el 7 y el 8 de julio, con una temprana irrupción de aire muy cálido de origen africano que obligó a activar el aviso rojo por riesgo extremo en el prelitoral y litoral sur. Mientras que en las poblaciones del interior de la Ribera Alta los termómetros fulminaban la barrera de los 42 y 44 grados, en la franja costera de la Ribera Baixa la entrada de la brisa marina contuvo las máximas entre los 36 y los 38 grados. A pesar de esto, este viento de mar disparó notablemente la humedad ambiental, generando un primer aviso del fuerte bochorno que marcaría el resto del verano. Pocos días después, entre el 14 y el 16 de julio, una segunda advección de aire cálido volvió a golpear la zona con temperaturas superiores a los 40 grados y una acusada inestabilidad atmosférica que derivó en peligrosos reventones térmicos, rachas de viento destructivas y tormentas secas puntuales.
El momento más crítico para la población llegó con la tercera ola de calor, comprendida entre el 20 y el 26 de julio, alcanzando su punto álgid el jueves 23. AEMET emitió una alerta roja simultánea para toda la comarca. Poblaciones como Sueca, Cullera, Sollana, Corbera, Favara, Riola, Fortaleny o Polinyà de Xúquer sufrieron los efectos de una combinación meteorológica extrema: la llegada masiva de polvo en suspensión, una masa de aire tórrida y el vapor procedente de un mar Mediterráneo inusualmente caliente. Este cóctel generó un episodio de bochorno sin precedentes. A pesar de que los termómetros oscilaban entre los 40 y 42 grados, la altísima humedad relativa provocó que la sensación térmica real superara los 50 grados en amplios sectores de la comarca, generando un riesgo considerable para la salud pública y obligando a extremar las precauciones entre las personas mayores, los niños y los trabajadores del campo o la construcción.
El comportamiento del mar ha sido uno de los factores determinantes de este mes de récords. El agua frente a la costa de la Ribera Baixa ha llegado a registrar temperaturas en superficie de hasta 29 grados, cifras que se sitúan 3 grados por encima de la media histórica. Esta anomalía térmica marina ha transformado el Mediterráneo en un auténtico radiador que, lejos de suavizar el ambiente con la tradicional brisa, ha impedido el refresco diurno y ha agravado drásticamente el calor por la noche.
Como consecuencia directa, el mes cerró con un cuarto embate térmico entre el 30 y el 31 de julio que consolidó una racha inédita de noches ecuatoriales. Durante múltiples jornadas consecutivas, los termómetros nocturnos no han bajado de la franja de los 23 a los 25 grados, dificultando enormemente el descanso del vecindario y multiplicando el gasto energético por el uso continuado de aire acondicionado y ventiladores.
A este escenario de riguroso estrés térmico se le suma otro factor de impacto profundo para la economía agroalimentaria y el paisaje local: la sequía extrema. Las precipitaciones han sido prácticamente inexistentes, con una media acumulada en julio de solo 2,7 litros por metro cuadrado, lo que supone un 78 % menos del agua que suele caer históricamente en estas fechas. La ausencia casi total de lluvias convierte a este julio en el más seco del siglo XXI en la región. Esta falta de agua incrementa exponencialmente el riesgo de incendios forestales en nuestras montañas y agrava de forma muy preocupante la tensión hídrica en la cuenca del río Xúquer, suponiendo un desafío inminente para los ecosistemas locales, el equilibrio de la Albufera y la viabilidad de la campaña agrícola, superando con creces el impacto de veranos tan severos como los de 2003, 2015 o 2023.
Cullera24 · 5 agosto 2026 · 11:08
La causa principal de este escenario abrumador ha sido la sucesión prácticamente ininterrumpida de cuatro olas de calor y varios repuntes térmicos severos a lo largo de las cuatro semanas del mes. Esta continuidad ha impedido cualquier tregua térmica, afectando directamente al día a día de la ciudadanía, el desarrollo de las actividades laborales al aire libre, la afluencia a las playas y el descanso nocturno en los hogares de nuestro municipio y de las poblaciones vecinas.
El primero de estos episodios se desencadenó entre el 7 y el 8 de julio, con una temprana irrupción de aire muy cálido de origen africano que obligó a activar el aviso rojo por riesgo extremo en el prelitoral y litoral sur. Mientras que en las poblaciones del interior de la Ribera Alta los termómetros fulminaban la barrera de los 42 y 44 grados, en la franja costera de la Ribera Baixa la entrada de la brisa marina contuvo las máximas entre los 36 y los 38 grados. A pesar de esto, este viento de mar disparó notablemente la humedad ambiental, generando un primer aviso del fuerte bochorno que marcaría el resto del verano. Pocos días después, entre el 14 y el 16 de julio, una segunda advección de aire cálido volvió a golpear la zona con temperaturas superiores a los 40 grados y una acusada inestabilidad atmosférica que derivó en peligrosos reventones térmicos, rachas de viento destructivas y tormentas secas puntuales.
El momento más crítico para la población llegó con la tercera ola de calor, comprendida entre el 20 y el 26 de julio, alcanzando su punto álgid el jueves 23. AEMET emitió una alerta roja simultánea para toda la comarca. Poblaciones como Sueca, Cullera, Sollana, Corbera, Favara, Riola, Fortaleny o Polinyà de Xúquer sufrieron los efectos de una combinación meteorológica extrema: la llegada masiva de polvo en suspensión, una masa de aire tórrida y el vapor procedente de un mar Mediterráneo inusualmente caliente. Este cóctel generó un episodio de bochorno sin precedentes. A pesar de que los termómetros oscilaban entre los 40 y 42 grados, la altísima humedad relativa provocó que la sensación térmica real superara los 50 grados en amplios sectores de la comarca, generando un riesgo considerable para la salud pública y obligando a extremar las precauciones entre las personas mayores, los niños y los trabajadores del campo o la construcción.
El comportamiento del mar ha sido uno de los factores determinantes de este mes de récords. El agua frente a la costa de la Ribera Baixa ha llegado a registrar temperaturas en superficie de hasta 29 grados, cifras que se sitúan 3 grados por encima de la media histórica. Esta anomalía térmica marina ha transformado el Mediterráneo en un auténtico radiador que, lejos de suavizar el ambiente con la tradicional brisa, ha impedido el refresco diurno y ha agravado drásticamente el calor por la noche.
Como consecuencia directa, el mes cerró con un cuarto embate térmico entre el 30 y el 31 de julio que consolidó una racha inédita de noches ecuatoriales. Durante múltiples jornadas consecutivas, los termómetros nocturnos no han bajado de la franja de los 23 a los 25 grados, dificultando enormemente el descanso del vecindario y multiplicando el gasto energético por el uso continuado de aire acondicionado y ventiladores.
A este escenario de riguroso estrés térmico se le suma otro factor de impacto profundo para la economía agroalimentaria y el paisaje local: la sequía extrema. Las precipitaciones han sido prácticamente inexistentes, con una media acumulada en julio de solo 2,7 litros por metro cuadrado, lo que supone un 78 % menos del agua que suele caer históricamente en estas fechas. La ausencia casi total de lluvias convierte a este julio en el más seco del siglo XXI en la región. Esta falta de agua incrementa exponencialmente el riesgo de incendios forestales en nuestras montañas y agrava de forma muy preocupante la tensión hídrica en la cuenca del río Xúquer, suponiendo un desafío inminente para los ecosistemas locales, el equilibrio de la Albufera y la viabilidad de la campaña agrícola, superando con creces el impacto de veranos tan severos como los de 2003, 2015 o 2023.
Cullera24 · 5 agosto 2026 · 11:08