3 agosto 2026
Siete siglos de memoria viva en el mercado del jueves
El tradicional mercado del jueves, originario de un privilegio real de 1320, mantiene su carácter de encuentro social. Tras su paso por el Mercado Municipal, consolida su vitalidad en La Bega centrado en textil y hogar.
Hay costumbres que, de tan arraigadas en nuestro día a día, olvidamos que forman parte de la historia viva de la ciudad. Cada jueves por la mañana, Cullera se transforma. Las horas previas a la salida del sol traen consigo el sonido metálico de los hierros, el ajetreo de las furgonetas y el característico ambiente de los puestos de ropa, calzado y menaje del hogar tomando forma. Una multitud de personas, vecinos y visitantes, se reencuentran para mantener viva una tradición que no se mide en años o décadas, sino en siglos. Una tradición que ha sabido adaptarse a los tiempos y que hoy despliega sus lonas a lo largo de la calle de La Bega, su nuevo hogar.
Para entender la magnitud de este mercado, hay que mirar siete siglos atrás. No es simplemente un lugar de compra y venta ocasional; es una institución fundamental en la evolución económica y social de nuestro municipio. Su origen oficial se remonta a una fecha clave: el 8 de febrero del año 1320. Fue entonces cuando el rey Jaime II otorgó a Cullera el privilegio real de celebrar un mercado semanal. Inicialment fijado en viernes, el documento incluía una salvaguarda para todos los mercaderes que acudieran a la cita, garantizando su protección. Así, aquel primer mercado medieval comenzó a tejer la red comercial de un núcleo urbano que aún crecía a la sombra de su castillo.
Con el paso de los siglos, los días, los productos y ahora también la ubicación, han cambiado, pero la esencia continúa intacta. Históricamente ligado al entorno del Mercado Municipal, la Plaza de la Virgen y sus calles adyacentes desde la construcción del recinto modernista a inicios del siglo XX, el mercado del jueves tuvo que trasladarse hace unos años. La renovación del pavimento y del entorno del mercado clásico, obra del arquitecto Luis Ferreres, propició un cambio de aires hacia la zona de La Bega. Una ubicación más amplia y diáfana que comenzó siendo una medida temporal por necesidades de espacio y seguridad, y que ha terminado consolidándose, ofreciendo una nueva postal comercial al lado del río Júcar.
Hoy, el mercado en la calle de La Bega es mucho más que una agrupación de puestos ambulantes. Es el punto de encuentro de aquellos mayores que bajan de los diferentes barrios dispuestos a hacerse con alguna prenda o complemento, y que hacen parada obligatoria para charlar con los conocidos de toda la vida, adaptando sus rutas al nuevo emplazamiento. Son los largos pasillos donde se exponen tejidos, retales, calzado, elementos de decoración, artículos para el hogar y ese bullicio característico que dota de una vitalidad especial a la localidad cada mañana de jueves.
El mercado ambulante actúa hoy, como hace setecientos años, como un elemento cohesionador. Para muchos vecinos, pasear entre las lonas no es solo una necesidad logística para renovar el armario o equipar la casa; es un acto social necesario, un ritual que combate la soledad y fortalece el sentimiento de pertenencia. Los vendedores, muchos de ellos herederos de puestos que han pasado de generación en generación, conocen a sus clientes por el nombre y han hecho del traslado a La Bega una simple anécdota geográfica, manteniendo la cercanía que no se encuentra en las grandes superficies.
En un mundo cada vez más digitalizado y acelerado, la existencia y resistencia del mercado ambulante de Cullera supone una reivindicación de las relaciones humanas, del trato personal y del comercio de proximidad. Aquel privilegio que el rey Jaime II firmó hace 706 años continúa vigente no por una cuestión de piedras o calles, sino por la voluntad de un pueblo que cada jueves por la mañana, ahora desde La Bega, se reencuentra con su propia historia.
Cullera24 · 3 agosto 2026 · 08:58
Para entender la magnitud de este mercado, hay que mirar siete siglos atrás. No es simplemente un lugar de compra y venta ocasional; es una institución fundamental en la evolución económica y social de nuestro municipio. Su origen oficial se remonta a una fecha clave: el 8 de febrero del año 1320. Fue entonces cuando el rey Jaime II otorgó a Cullera el privilegio real de celebrar un mercado semanal. Inicialment fijado en viernes, el documento incluía una salvaguarda para todos los mercaderes que acudieran a la cita, garantizando su protección. Así, aquel primer mercado medieval comenzó a tejer la red comercial de un núcleo urbano que aún crecía a la sombra de su castillo.
Con el paso de los siglos, los días, los productos y ahora también la ubicación, han cambiado, pero la esencia continúa intacta. Históricamente ligado al entorno del Mercado Municipal, la Plaza de la Virgen y sus calles adyacentes desde la construcción del recinto modernista a inicios del siglo XX, el mercado del jueves tuvo que trasladarse hace unos años. La renovación del pavimento y del entorno del mercado clásico, obra del arquitecto Luis Ferreres, propició un cambio de aires hacia la zona de La Bega. Una ubicación más amplia y diáfana que comenzó siendo una medida temporal por necesidades de espacio y seguridad, y que ha terminado consolidándose, ofreciendo una nueva postal comercial al lado del río Júcar.
Hoy, el mercado en la calle de La Bega es mucho más que una agrupación de puestos ambulantes. Es el punto de encuentro de aquellos mayores que bajan de los diferentes barrios dispuestos a hacerse con alguna prenda o complemento, y que hacen parada obligatoria para charlar con los conocidos de toda la vida, adaptando sus rutas al nuevo emplazamiento. Son los largos pasillos donde se exponen tejidos, retales, calzado, elementos de decoración, artículos para el hogar y ese bullicio característico que dota de una vitalidad especial a la localidad cada mañana de jueves.
El mercado ambulante actúa hoy, como hace setecientos años, como un elemento cohesionador. Para muchos vecinos, pasear entre las lonas no es solo una necesidad logística para renovar el armario o equipar la casa; es un acto social necesario, un ritual que combate la soledad y fortalece el sentimiento de pertenencia. Los vendedores, muchos de ellos herederos de puestos que han pasado de generación en generación, conocen a sus clientes por el nombre y han hecho del traslado a La Bega una simple anécdota geográfica, manteniendo la cercanía que no se encuentra en las grandes superficies.
En un mundo cada vez más digitalizado y acelerado, la existencia y resistencia del mercado ambulante de Cullera supone una reivindicación de las relaciones humanas, del trato personal y del comercio de proximidad. Aquel privilegio que el rey Jaime II firmó hace 706 años continúa vigente no por una cuestión de piedras o calles, sino por la voluntad de un pueblo que cada jueves por la mañana, ahora desde La Bega, se reencuentra con su propia historia.
Cullera24 · 3 agosto 2026 · 08:58