29 mayo 2026
Una investigadora de Kiev expone la lucha extrema por salvar el patrimonio botánico de los bombardeos
La responsable del departamento de cicas del Jardín Botánico A.V. Fomin de Kiev, comparte el esfuerzo extremo de su equipo para proteger especies únicas del frío y la guerra sin relevo generacional.
Nuestro municipio ha recibido recientemente una visita de gran relevancia científica y de un profundo calado humano. Las instalaciones del Jardín Botánico de Cullera, un referente local situado en el entorno de la carretera de Nazaret-Oliva y conocido por albergar una de las colecciones botánicas más completas, han abierto sus puertas a Larysa Gordziievska, directora del departamento de Cicas del histórico Jardín Botánico A.V. Fomin, institución perteneciente a la Universidad Nacional Tarás Shevchenko de Kiev. Este encuentro ha permitido estrechar lazos entre los especialistas, pero por encima de todo, ha servido para acercar a la ciudadanía la crítica situación que atraviesa el patrimonio natural en Ucrania debido al conflicto bélico.
Durante el recorrido por el extenso recinto ajardinado de Cullera, que cuenta con más de 22.000 metros cuadrados y medio centenar de variedades de cicas —una cifra que lo sitúa como un auténtico oasis de biodiversidad—, la experta ucraniana ha dejado constancia de su paso firmando en el libro de honor de visitas de la entidad local. Este gesto protocolario, recibido con gran afecto por los responsables de las instalaciones cullerenses, ha dado paso a un intercambio técnico fundamental sobre el estudio y conservación de estas plantas milenarias. Sin embargo, el centro de la jornada se ha trasladado rápidamente hacia la dura realidad cotidiana que enfrenta la comunidad investigadora en Europa del Este.
La situación en la capital ucraniana es extremadamente precaria. Los continuos ataques a las infraestructuras estratégicas del país han provocado cortes constantes en el suministro eléctrico, una falta de energía que resulta letal para las colecciones de plantas tropicales y subtropicales que se encuentran en Kiev. Estos ejemplares dependen exclusivamente de sistemas de climatización artificial para sobrevivir a las rigurosas y bajas temperaturas de los inviernos ucranianos. Sin electricidad para calentar los espacios, el frío en el interior de los grandes invernaderos alcanza rápidamente niveles críticos que podrían borrar de golpe un trabajo botánico incalculable y décadas de investigación biológica.
Ante este escenario de emergencia, el equipo de especialistas del jardín de Kiev lucha diariamente por mantener con vida sus valiosas colecciones. Las medidas adoptadas sobre el terreno incluyen la implementación urgente de sistemas de calefacción adicional autónomos para poder estabilizar los termómetros y evitar que las heladas acaben destruyendo los ejemplares más sensibles. Es una tarea física continua y agotadora que requiere vigilancia ininterrumpida bajo condiciones de máximo peligro, donde cualquier pequeño fallo puede tener consecuencias irreversibles.
Uno de los aspectos más impactantes de esta situación es la falta crónica de relevo generacional en las instituciones del país. La movilización masiva de la ciudadanía hacia las zonas de conflicto y los efectos del éxodo han imposibilitado la incorporación de nuevos investigadores jóvenes para hacerse cargo de estas tareas de mantenimiento. A pesar de su avanzada edad, Gordziievska sigue trabajando de manera incombustible al pie del cañón, asumiendo la máxima responsabilidad de su área y convirtiéndose en el pilar estructural de la entidad de Kiev. Su decisión de no abandonar las instalaciones refleja un compromiso absoluto y firme con la ciencia y la conservación de la naturaleza.
Desde el recinto botánico de nuestro municipio se ha transmitido oficialmente una profunda admiración y un mensaje inequívoc de solidaridad hacia la investigadora y todo su equipo. La visita a Cullera no solo ha permitido compartir conocimientos valiosos para la evolución de las colecciones locales, sino que ha evidenciado de manera conmovedora el esfuerzo silencioso de aquellas personas que, bajo la sombra de la adversidad y la guerra, protegen la biodiversidad. El testimonio de resistencia dejado en nuestro pueblo perdurará en los archivos de la institución como un auténtico ejemplo de inspiración, profesionalidad y supervivencia.
Cullera24 · 29 mayo 2026 · 14:33
Durante el recorrido por el extenso recinto ajardinado de Cullera, que cuenta con más de 22.000 metros cuadrados y medio centenar de variedades de cicas —una cifra que lo sitúa como un auténtico oasis de biodiversidad—, la experta ucraniana ha dejado constancia de su paso firmando en el libro de honor de visitas de la entidad local. Este gesto protocolario, recibido con gran afecto por los responsables de las instalaciones cullerenses, ha dado paso a un intercambio técnico fundamental sobre el estudio y conservación de estas plantas milenarias. Sin embargo, el centro de la jornada se ha trasladado rápidamente hacia la dura realidad cotidiana que enfrenta la comunidad investigadora en Europa del Este.
La situación en la capital ucraniana es extremadamente precaria. Los continuos ataques a las infraestructuras estratégicas del país han provocado cortes constantes en el suministro eléctrico, una falta de energía que resulta letal para las colecciones de plantas tropicales y subtropicales que se encuentran en Kiev. Estos ejemplares dependen exclusivamente de sistemas de climatización artificial para sobrevivir a las rigurosas y bajas temperaturas de los inviernos ucranianos. Sin electricidad para calentar los espacios, el frío en el interior de los grandes invernaderos alcanza rápidamente niveles críticos que podrían borrar de golpe un trabajo botánico incalculable y décadas de investigación biológica.
Ante este escenario de emergencia, el equipo de especialistas del jardín de Kiev lucha diariamente por mantener con vida sus valiosas colecciones. Las medidas adoptadas sobre el terreno incluyen la implementación urgente de sistemas de calefacción adicional autónomos para poder estabilizar los termómetros y evitar que las heladas acaben destruyendo los ejemplares más sensibles. Es una tarea física continua y agotadora que requiere vigilancia ininterrumpida bajo condiciones de máximo peligro, donde cualquier pequeño fallo puede tener consecuencias irreversibles.
Uno de los aspectos más impactantes de esta situación es la falta crónica de relevo generacional en las instituciones del país. La movilización masiva de la ciudadanía hacia las zonas de conflicto y los efectos del éxodo han imposibilitado la incorporación de nuevos investigadores jóvenes para hacerse cargo de estas tareas de mantenimiento. A pesar de su avanzada edad, Gordziievska sigue trabajando de manera incombustible al pie del cañón, asumiendo la máxima responsabilidad de su área y convirtiéndose en el pilar estructural de la entidad de Kiev. Su decisión de no abandonar las instalaciones refleja un compromiso absoluto y firme con la ciencia y la conservación de la naturaleza.
Desde el recinto botánico de nuestro municipio se ha transmitido oficialmente una profunda admiración y un mensaje inequívoc de solidaridad hacia la investigadora y todo su equipo. La visita a Cullera no solo ha permitido compartir conocimientos valiosos para la evolución de las colecciones locales, sino que ha evidenciado de manera conmovedora el esfuerzo silencioso de aquellas personas que, bajo la sombra de la adversidad y la guerra, protegen la biodiversidad. El testimonio de resistencia dejado en nuestro pueblo perdurará en los archivos de la institución como un auténtico ejemplo de inspiración, profesionalidad y supervivencia.
Cullera24 · 29 mayo 2026 · 14:33