16 mayo
2026
Los arroceros se enfrentan a la campaña de siembra más cara de la historia
El incremento de los costes de producción, impulsado por el gasóleo y los fertilizantes, ahoga la rentabilidad de los agricultores locales y pone en riesgo el futuro medioambiental y económico del marjal.
La campaña de la siembra del arroz, uno de los momentos más esperados y trascendentes para el calendario agrícola y paisajístico de nuestro entorno, arranca este año marcada por una presión económica sin precedentes. Según los datos emitidos por la Asociación Valenciana de Agricultores (AVA-ASAJA), los profesionales del sector tendrán que hacer frente a la campaña más cara de la historia, asumiendo un sobrecoste estimado en tres millones de euros en el conjunto de las tierras vinculadas a la Albufera respecto al ejercicio anterior.
Este incremento, que cifra la subida global de los costes de producción cerca de un 7%, supone un impacto severo para la rentabilidad de las explotaciones arroceras, muchas de las cuales están en manos de familias de Cullera que trabajan el marjal ininterrumpidamente de generación en generación. La viabilidad de este cultivo, fundamental no solo para la economía primaria local sino también para la preservación medioambiental, se encuentra actualmente en una situación de alta vulnerabilidad.
El encarecimiento de la campaña responde a una combinación de factores macroeconómicos que inciden directamente en el día a día de los agricultores. El principal detonante es la escalada de precios del gasóleo agrícola, estrechamente vinculada a las recientes tensiones geopolíticas internacionales y a la inestabilidad de los mercados energéticos. La maquinaria necesaria para preparar la tierra antes de la inundación de los campos y para llevar a cabo la siembra posterior requiere un consumo intensivo de combustible, lo cual dispara los gastos diarios desde el primer momento en que el tractor pisa la huerta.
A esta subida del carburante hay que sumarle un aumento significativo en el coste de los fertilizantes, productos que resulten indispensables para garantizar un rendimiento óptimo de la tierra y mantener los estándares de calidad del grano. En paralelo, los agricultores también tienen que asumir este año facturas superiores por la adquisición de las semillas y por la mano de obra necesaria para complementar los trabajos mecanizados en las etapas iniciales del cultivo. Todo ello conforma un escenario que ahoga los márgenes de beneficio del sector.
El impacto de esta coyuntura trasciende el ámbito exclusivamente agrario para adentrarse en la realidad social y medioambiental de Cullera. Las tierras de cultivo de arroz actúan como un filtro verde vital para la salud de la Albufera y configuran un hábitat de refugio y alimentación para miles de aves. Una reducción de las zonas cultivadas a causa de la falta de rentabilidad económica tendría consecuencias muy graves para este frágil ecosistema protegido. Además, el ciclo del arroz es la base de la identidad cultural y gastronómica del municipio; sin un sector agrícola sostenido, una parte esencial del patrimonio local se ve comprometida.
En el ámbito económico de proximidad, la disminución del poder adquisitivo de los productores tiene un efecto dominó sobre el tejido comercial del municipio. Los talleres de reparación de maquinaria, los almacenes de suministros agrícolas y otros servicios locales se ven directamente afectados cuando el motor primari de la zona reduce su capacidad de inversión. A esto se le añade la dificultad histórica del sector local para trasladar estos sobrecostos al precio final de venta, debido a la fuerte competencia de las importaciones de países terceros.
La siembra ya está en marcha y los campos de nuestro término municipal reflejan el clásico paisaje de espejos de agua que marca el inicio del ciclo. A pesar del compromiso de los profesionales de la tierra para garantizar la cosecha de este año, la presión de los costes impone un reto mayúsculo que evidencia la necesidad de estabilidad para un sector clave en el mantenimiento del paisaje y la vida de la localidad.
Cullera24 · 16 mayo 2026 · 19:41
Este incremento, que cifra la subida global de los costes de producción cerca de un 7%, supone un impacto severo para la rentabilidad de las explotaciones arroceras, muchas de las cuales están en manos de familias de Cullera que trabajan el marjal ininterrumpidamente de generación en generación. La viabilidad de este cultivo, fundamental no solo para la economía primaria local sino también para la preservación medioambiental, se encuentra actualmente en una situación de alta vulnerabilidad.
El encarecimiento de la campaña responde a una combinación de factores macroeconómicos que inciden directamente en el día a día de los agricultores. El principal detonante es la escalada de precios del gasóleo agrícola, estrechamente vinculada a las recientes tensiones geopolíticas internacionales y a la inestabilidad de los mercados energéticos. La maquinaria necesaria para preparar la tierra antes de la inundación de los campos y para llevar a cabo la siembra posterior requiere un consumo intensivo de combustible, lo cual dispara los gastos diarios desde el primer momento en que el tractor pisa la huerta.
A esta subida del carburante hay que sumarle un aumento significativo en el coste de los fertilizantes, productos que resulten indispensables para garantizar un rendimiento óptimo de la tierra y mantener los estándares de calidad del grano. En paralelo, los agricultores también tienen que asumir este año facturas superiores por la adquisición de las semillas y por la mano de obra necesaria para complementar los trabajos mecanizados en las etapas iniciales del cultivo. Todo ello conforma un escenario que ahoga los márgenes de beneficio del sector.
El impacto de esta coyuntura trasciende el ámbito exclusivamente agrario para adentrarse en la realidad social y medioambiental de Cullera. Las tierras de cultivo de arroz actúan como un filtro verde vital para la salud de la Albufera y configuran un hábitat de refugio y alimentación para miles de aves. Una reducción de las zonas cultivadas a causa de la falta de rentabilidad económica tendría consecuencias muy graves para este frágil ecosistema protegido. Además, el ciclo del arroz es la base de la identidad cultural y gastronómica del municipio; sin un sector agrícola sostenido, una parte esencial del patrimonio local se ve comprometida.
En el ámbito económico de proximidad, la disminución del poder adquisitivo de los productores tiene un efecto dominó sobre el tejido comercial del municipio. Los talleres de reparación de maquinaria, los almacenes de suministros agrícolas y otros servicios locales se ven directamente afectados cuando el motor primari de la zona reduce su capacidad de inversión. A esto se le añade la dificultad histórica del sector local para trasladar estos sobrecostos al precio final de venta, debido a la fuerte competencia de las importaciones de países terceros.
La siembra ya está en marcha y los campos de nuestro término municipal reflejan el clásico paisaje de espejos de agua que marca el inicio del ciclo. A pesar del compromiso de los profesionales de la tierra para garantizar la cosecha de este año, la presión de los costes impone un reto mayúsculo que evidencia la necesidad de estabilidad para un sector clave en el mantenimiento del paisaje y la vida de la localidad.
Cullera24 · 16 mayo 2026 · 19:41