Cullera acelera los espigones para proteger la costa antes del verano
21 abril 2026
La planificación de las infraestructuras de defensa de la costa en la zona sur de Cullera ha entrado en una fase de ejecución acelerada con un presupuesto que ronda los 15 millones de euros. El cronograma actual de las obras para la construcción de tres nuevos espigones en las playas del Marenyet y l'Estany fija el inicio de la temporada estival de 2026 como la fecha crítica para la finalización de los trabajos. Esta intervención integral responde a la necesidad urgente de revertir la regresión severa que sufre este tramo del litoral de la Ribera Baixa, afectado estructuralmente por la falta de sedimentos y el aumento de la virulencia de los temporales marítimos.
La costa sur de Cullera, situada entre la desembocadura del río Júcar y el umbral con el término de Tavernes de la Valldigna, presenta un desequilibrio en su balance de sedimentos que se ha cronificado en las últimas décadas. La dinámica de corrientes litorales de la zona, que transporta la arena naturalmente en sentido norte-sur, se encuentra bloqueada de forma artificial por el espigón norte del puerto de Cullera y el encauzamiento de la gola del río.
Esta configuración hidráulica actúa como un dique de retención que impide que los sedimentos que antes aportaba el Júcar y los que bajan desde la zona del Faro de Cullera lleguen a las playas del Marenyet y l'Estany. En consecuencia, el perfil de la playa ha ido perdiendo cota y anchura, con registros técnicos que documentan un retroceso de la línea de costa de más de dos metros anuales en los sectores más expuestos. El fenómeno se hizo especialmente patente con los efectos de la borrasca Gloria, que destruyó parcialmente el cordón dunar y amenazó la estabilidad de las edificaciones de primera línea.
El proyecto de regeneración, bajo la tutela del Ministerio para la Trasición Ecológica, no se limita exclusivamente a la protección física. La estrategia contempla una combinación de ingeniería rígida y aportación sedimentaria masiva:
Construcción de tres espigones de retención: Las tres nuevas estructuras transversales se realizarán con escollera de piedra natural de grandes dimensiones. Su diseño tiene como función principal la compartimentación del litoral. Al dividir la playa en celdas semicerradas, se genera un efecto de abrigo que reduce la energía del oleaje y evita que la arena sea arrastrada hacia el sur o hacia zonas de gran profundidad donde es irrecuperable.
Aportación de un millón de metros cúbicos de arena: Uno de los pilares del proyecto es la restauración del volumen de la playa mediante el vertido de cerca de un millón de metros cúbicos de sedimentos. La arena, seleccionada por su compatibilidad granulométrica y color con la nativa de Cullera, será transportada desde yacimientos marinos sumergidos mediante barcos draga. Esta operación permitirá que las playas recuperen una anchura media de entre 40 y 60 metros, suficientes para absorber el impacto de los temporales sin afectar a la trasplaya.
El adelanto de la licitación permite que las tareas de dragado y la construcción de los espigones se desarrollen de manera casi simultánea. El objetivo de tener la infraestructura operativa para el verano de 2026 obliga a una planificación intensiva durante los próximos meses. La ejecución de la obra se debe ajustar, sin embargo, a las restricciones ambientales propias del entorno.
Los trabajos sobre el terreno deben respetar los ciclos biológicos del cordón dunar, especialmente en lo referente a la protección de la microrreserva de flora y los periodos de nidificación de especies autóctonas. Asimismo, el uso de maquinaria pesada y el tránsito de camiones con piedra de cantera se ha diseñado para minimizar las molestias en las zonas residenciales del Marenyet, priorizando los accesos técnicos y los horarios diurnos.
Más allá del uso turístico, la intervención tiene una justificación ambiental crítica para el Estany de Cullera. Esta laguna de agua salobre es un enclave de biodiversidad singular donde confluyen aguas dulces y marinas. La desaparición de la playa que actúa como barrera natural pondría en riesgo la integridad de este ecosistema por la posible entrada masiva de agua de mar durante los temporales, lo que alteraría la salinidad y la supervivencia de la fauna local.
El análisis de riesgos territoriales confirma que la consolidación de esta barrera litoral es la inversión más relevante del último medio siglo en la zona sur del municipio. Con la culminación de estas obras, se pretende establecer un nuevo equilibrio estable que sea capaz de resistir los escenarios más pesimistas de subida del nivel del mar en el Mediterráneo occidental, garantizando la protección de las infraestructuras y del patrimonio natural de la Ribera Baixa.