Santa Cecilia y Ateneo brillan en el desfile de bandas
19 abril 2026
Cullera ha vuelto a demostrar por qué es considerada uno de los epicentros mundiales de la música de banda. El reciente desfile y actuación de la Sociedad Musical Instructiva (SMI) Santa Cecilia y de la Sociedad Ateneo Musical de Cullera no solo ha llenado las calles de melodías sinfónicas, sino que ha servido para reafirmar el prestigio de unas instituciones que son el motor cultural y social del municipio.
La excelencia sonora que caracteriza a ambas agrupaciones no es fruto del azar, sino de una tradición centenaria y de una estructura formativa de alto nivel. La SMI Santa Cecilia, fundada oficialmente en 1907, y el Ateneo Musical, con sus orígenes en 1896, mantienen una rivalidad artística sana que ha elevado el nivel técnico de la localidad hasta cotas muy altas.
La estética y la elegancia en el desfile responden a un protocolo riguroso donde la disciplina de fila y la calidad de la afinación se sitúan por encima de la simple exhibición. Las bandas sinfónicas de Cullera no funcionan únicamente como agrupaciones amateurs, sino como verdaderas orquestas de vientos y percusión con una plantilla que a menudo supera los 130 músicos en escenario.
La pasión de Cullera por la música se explica a través de sus escuelas. Ambas sociedades cuentan con centros educativos reconocidos por la Generalitat Valenciana, donde centenares de jóvenes se inician en el lenguaje musical antes de pasar a sus respectivas bandas juveniles y, finalmente, a las sinfónicas.
Este tejido asociativo genera un impacto económico y social directo. Según datos del sector, las sociedades musicales de la Ribera Baixa son las principales entidades privadas generadoras de cultura. En Cullera, esta realidad se multiplica por el eco internacional que ofrecen certámenes como el Certamen Internacional de Bandas de Música de Cullera, el más antiguo de la Comunidad Valenciana en su categoría cinematográfica, donde ambas bandas ejercen a menudo de anfitrionas o invitadas de honor.
Durante el desfile, se pudieron escuchar pasodobles de gran factura técnica, género que en Cullera se trata con una reverencia casi académica. Los expertos destacan la sonoridad de los metales del Ateneo, con una potencia controlada y un brillo característico, contrapuesta a la calidez y el empaste de las maderas de la Santa Cecilia, una distinción que, aunque sea subjetiva para el oyente casual, es objeto de análisis constante por parte de los melómanos locales.
El orden y el rigor en la interpretación se atribuyen a la labor de sus directores titulares y al trabajo diario de las juntas directivas, formadas por socios que gestionan patrimonios culturales de valor incalculable.
La afirmación de que Cullera tiene en sus bandas a los mejores embajadores no es una frase hecha. A lo largo de las últimas décadas, tanto la Santa Cecilia como el Ateneo han realizado giras internacionales y han grabado discografías que son referencia en los conservatorios de toda Europa.
La jornada vivida esta semana es un preámbulo de lo que se espera para la próxima temporada de conciertos y certámenes. El apoyo del público, que ha llenado los puntos estratégicos del itinerario, demuestra que el vínculo entre la ciudadanía y sus bandas es inquebrantable.
En un mundo cada vez más globalizado, Cullera consigue mantener una identidad propia gracias al esfuerzo colectivo de estas dos entidades. La objetividad periodística nos obliga a destacar que, más allá del espectáculo visual, lo que realmente define a Cullera es el silencio atento del público ante una entrada de maderas o el aplauso unánime tras una interpretación impecable.
La música en Cullera no es solo ocio; es una estructura de vida, un método educativo y, por encima de todo, la expresión máxima de un pueblo que sabe que su voz más alta y clara suena a través de los instrumentos de viento.